Marianela

La condena de Raquel

La pena de muerte multiplica las víctimas. Esto lo repiten con insistencia los defensores de su abolición como un mantra incuestionable: solo sirve para generar sufrimiento gratuito.

Algo así está sucediendo en Almonte. Hay una condena a muerte en vida propiciada por una injusticia que no para de multiplicar el dolor, de esparcir el sufrimiento como una mancha de aceite en el agua. Esta mancha se agranda a medida que se conocen los interiores de un caso en el que los testimonios y sus contradicciones han pesado más que las evidencias científicas.

Parece que la protección de testigos sólo debe afectar a los que convienen a algunos, porque para utilizar ilegalmente audios de conversaciones privadas entre una abogada y su clienta sacados totalmente de contexto y publicarlos salvajemente, en distintos periodos y con sádica insistencia, no ha habido criterio de derecho que ampare el juicio paralelo que se le ha hecho a la madre y esposa de las víctimas.

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Raquel Granado entra en el Palacio de Justicia de Huelva. Su testimonio, a pesar de sus contradicciones, fue esencial para el veredicto de absolución del Jurado Popular

Ese cambio de opinión no ha sido merecedor de clemencia ni disculpa. La han insultado y vilipendiado en su casa, en su propio pueblo, obligándola a abandonarlo.

Nada que ver con la sorpresiva recuperación de memoria de la exnovia del no culpable, Raquel Granado, cuya “noble conducta” estaba fuera de toda sospecha, no teniendo nada que tener en contra de la que, al fin y al cabo, sólo le robó a su pareja de más de 10 años.

¿Quién iba a pensar, que este testimonio tan de parte, tan ambiguo, tan condicionado por su fuerte interrelación con los actores principales, se convertiría en la prueba fundamental de exculpación?

Pues seguramente ni ella misma. Pero la sucesión de hechos lamentablemente la han colocado en el ojo del huracán. Mirando con lupa sus dos versiones: aquella en la que no creía en la inocencia de Medina, al que no vio aquella noche en Mercadona y pintaba de agresivo, y la del juicio, donde fue descrito por Raquel como una bellísima y buena persona.

Esas dos versiones, como están escritas, la condenan para siempre al cruel dictamen de la sospecha y la duda. Ni más ni menos. Como medio pueblo condenó a Marianela el día que los fabricantes de intoxicaciones filtraron su llamada en estado de shock minutos después de enterarse de que la Guardia Civil había detenido a su pareja por ser el principal sospechoso de haber matada a su marido y a su hija de ocho años… igualito.