Concentración

Discurso Marianela Olmedo (Concentración doble crimen de Almonte)

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Marianela Olmedo, madre y esposa de las víctimas del doble crimen de Almonte, se dirige a los asistentes a la concentración presentes en la onubense Plaza de las Monjas

Buenas tardes a todos.

No sé cómo agradeceros que estéis con nosotros aquí, que nos acompañéis en esta tarde para el recuerdo en la que solo pretendemos pedir justicia para nuestros seres más queridos: Miguel Ángel y María, mi marido y mi hija.

No sabéis qué bonito es sentir vuestro calor, ver esos maravillosos corazones verdes, después de sentirnos tan solos y desamparados durante casi cinco años.

A Miguel Ángel y María los mató un asesino despiadado. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, la UCO, tiene claro a día de hoy cuál es el nombre y cuáles son los apellidos de ese hombre, que hoy está absuelto y que campa a sus anchas por Almonte. No tienen ni una mínima duda. Como tampoco la tienen la jueza que investigó el caso o el propio fiscal.

Todo se torció cuando el crimen, muy complejo y delicado, cayó en las manos de un jurado popular que ni siquiera estaba aislado y que al final acabó valorando más las pruebas de la defensa que las pruebas imparciales que había contra este hombre. Ha sido un despropósito, una nueva estocada que ha venido acompañada de los insultos y de la mofa hacia nuestra familia por parte del entorno de esta persona.

Luego hemos visto cómo los mismos magistrados del Tribunal de Justicia de Andalucía que le denegaron la libertad durante el juicio ahora han tumbado nuestro recurso.

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Marianela Olmedo, madre y esposa de las víctimas del doble crimen de Almonte, se abraza emocionada a una de las mejores amigas de la pequeña María, asesinada brutalmente con más de cien puñaladas

Respetamos la decisión judicial, no nos queda otra, pero nos duelen ya las costillas de recibir tantos palos. Es insoportable este sufrimiento. ¡Es inhumano!

Por eso hoy estamos aquí. Porque necesitamos que la justicia nos escuche. Pero que nos escuche de verdad. Porque hemos estado demasiado tiempo callados, siendo respetuosos con una justicia que ahora nos abandona, y ya no podemos quedarnos en silencio.

Solo nos queda una última oportunidad: que el Tribunal Supremo estime nuestro recurso y ordene la repetición del juicio. Sí, porque ni siquiera aspiramos a que el presunto culpable de los crímenes sea condenado directamente. Solo pedimos que se repita y que Miguel y María tengan un juicio justo. Es algo de sentido común. Y necesitamos que se nos escuche y que se haga justicia.

Quiero deciros también que la otra esquinita de Andalucía, en Almería, hay un hombre que sabe bien lo que es estar en mi piel. Se llama Ángel y es el padre de un niño precioso, de Gabriel. 

Sabe lo que es estar en mi piel porque conoce el dolor profundo, el dolor incurable que se siente cuando te asesinan al mayor tesoro de tu vida, a tu hijo.

Lo sabe porque también se lo arrebataron cuando tenía solo 8 añitos, como mi pequeña María. Qué niños tan bonitos Gabriel y María, con esas sonrisas tan llenas de vida que ya no volveremos a ver nunca más.

Pero Ángel también lo sabe bien porque tuvo a esa bruja malvada durante doce días a su lado, mostrándole su apoyo, dándole su cariño y la mejor de sus sonrisas. Todo era una treta, un engaño. La peor de las mentiras. Todos hemos sido testigos de ello.

Yo también lo viví en mis carnes. Pero no durante 12 días, como Ángel, sino durante 14 meses. Un año y dos meses, con todos sus días y todas sus noches, llorando por el asesinato de mi niña y de su padre en el hombro de un monstruo.

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Un millar de personas se dio cita en la Plaza de las Monjas de Huelva para apoyar a las familias de las víctimas del doble crimen de Almonte

Las manos a las que me aferraba estaban, como la Guardia Civil y la Fiscalía mantienen a día de hoy, manchadas de sangre. La sangre de mi niña bonita y de su padre, Miguel Ángel, el hombre más bueno al que jamás he conocido. Nos queríamos mucho a pesar de la separación. Nos llevábamos bien y eso mi nueva pareja, el ser más celoso que he visto nunca, no podía soportarlo.

Imaginen la impresión que me produjo una traición semejante. Pónganse ustedes también en la piel de Ángel y en la mía. Si ya me había derrumbado por el asesinato terrible de mi niña, imaginen el pozo al que caí cuando descubrí una traición tan tremenda. Ni siquiera puedo explicarles con palabras lo que se siente. No se lo deseo a nadie.

Y luego está la culpa. Que es algo que siempre nos acompaña a los familiares de las víctimas. Bien lo saben todos los que nos acompañan hoy aquí. Porque pensamos que si no hubiéramos dejado cruzar al niño solo la acera, comprar en el quiosco de la esquina o si no nos hubiéramos enamorado de un monstruo, quizá así podríamos haberlo evitado. La culpa nunca va a abandonarnos. Pero no, no es nuestra la culpa.

Porque los psicópatas, los malvados, las brujas y los monstruos que acechan a los nuestros, siempre encuentran el momento adecuado para ejecutar su macabro plan. Y eso sí que no es culpa nuestra. Ni de Ángel ni mía ni de Ruth o de Adoración. ¡Es solo culpa de esos seres malignos y deben pagar por ello!

El asesino de Migue y de mi niña está suelto. Campa a sus anchas por las calles que mi María y su papá no podrán recorrer nunca más. Disfruta del sol y de su familia mientras ellos se han quedado sin presente y sin futuro, enterrados para siempre en un nicho del cementerio.

Mi niña quería ser veterinaria. Adoraba a los animales. Y si ella quería ser veterinaria, iba a serlo, porque cuando María quería algo siempre lo conseguía. Era buena estudiante y estaba llena de vida y de luz. Todo el mundo la quería, como a su padre.

Migue era tan buena persona que la Guardia Civil lo tuvo muy difícil en la investigación porque no tenía enemigos. Toda la gente que lo conoce lo sabe. Solo tenía uno, un enemigo. Y esto ha sido un crimen pasional, con más de 150 puñaladas y motivado por los celos, no lo olviden. 

Ella sacó de su padre su bondad, el amor por la lectura y la inteligencia. Así que estoy segura de que si el asesino no se hubiera cruzado hace cinco años en nuestras vidas, ella sería hoy una muchachita de 13 años que se aplicaría muchísimo en los estudios para conseguir sacar su carrera y montar su clínica veterinaria en la que poder ayudar a todos los animalitos. Era su pasión.

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Muchos de los corazones verdes que inundaron la Plaza de las Monjas incluían las imágenes de Miguel Ángel y su hija María, asesinados el 27 de abril de 2013 en su domicilio de Almonte

También quiero recordarles y presumir, por qué no, de que mi hija es la niña más valiente que nadie haya conocido nunca. Así lo destacó el fiscal del caso en el juicio. Mi pequeña pudo huir escaleras abajo y pedir ayuda aquella terrible noche del 27 de abril de 2013. Pero no lo hizo. Sépanlo ustedes: mi princesa fue a la cocina y cogió un cuchillo para defenderse ella y para defender a su padre. Yo siempre le decía: tú nunca te dejes amedrentar por nadie, planta cara, cuando te peguen, te defiendes. Y vaya si lo hizo.

Yo me he hecho fuerte y me he aferrado a su valentía para luchar por ella. Pero sepan ustedes que también tengo miedo. Miedo porque el desaprensivo que le quitó la vida a ella y a su padre de la peor forma posible anda suelto. Y si ha sido capaz de hacerles eso, atacando por la espalda y en la intimidad del que fue nuestro hogar, ¿qué no será capaz de hacer a partir de ahora?

Otro miedo nos asalta, a mí y a toda nuestra familia, y es el de que no se haga justicia. Por eso apelamos al sentido común y pedimos que Miguel Ángel y María tengan un juicio justo. Porque ya nadie nos los va a devolver. ¡Nadie! Pero necesitamos que el culpable pague por lo que ha hecho.

Ojalá el Tribunal Supremo sea sensato y no nos deje a nosotros, las víctimas de este dolor insuperable, sin el único amparo que nos queda: la JUSTICIA.

Esperamos, de hecho, que los magistrados analicen con lupa nuestro caso y que nos aporten la sensatez que el jurado popular y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía parecen haberse dejado por el camino. Solo espero que metan la mano en su pecho, que tengan humanidad.Bastante hemos sufrido ya.

Pero también me pongo en el peor de los escenarios. Y si el Supremo no arregla el entuerto judicial que se ha producido tras el asesinato de mi marido y de mi hija, si no ordena la repetición del juicio, volveré a preguntar a la Guardia Civil que quién es el culpable del crimen. 

Si los investigadores, los más prestigiosos de España, siguen apuntando a la misma persona con una seguridad del 100 por 100, como han hecho hasta ahora, pues habrá que buscar una solución a esto. ¡Y la encontraremos! Porque lo que tengo claro, lo que tenemos claro mi familia y yo, es que un asesinato tan atroz no puede ni debe quedar impune. 

¡Queremos justicia! ¡Queremos justicia!

¡Queremos justicia!