María y Miguel Ángel

María y el gatito Misile

victimas-Miguel-Angel-Dominguez-Maria_1167193315_72044286_667x375

Miguel Ángel Domínguez posa junto a su hija María. Ambos fueron asesinados en su casa de Almonte el 27 de abril de 2013.

A nadie se le escapa a estas alturas que María era una gran amante de los animales. Le apasionaban profundamente y despertaban en ella la necesidad de cuidarlos y protegerlos, como la cría hacía con todos sus seres queridos. Cerca de la casa de la Avenida de los Reyes de Almonte su madre, Marianela, guardaba el coche en un garaje. Uno de aquellos días en que la pequeña entraba con su mamá a la cochera, vio a un pequeño gatito que parecía un siamés y el flechazo fue mutuo.

La cría quiso llevarse a casa al bebé gatuno y lo bautizó como Misile. “Le pregunté que por qué lo había llamado así y me dijo: ¿no te das cuenta, mamá? ¡corre tanto como un misil!”, recuerda Marianela con los ojos llenos de lágrimas. Madre e hija retomaron el camino a casa con el gatito en los brazos de la pequeña, que lo acariciaba sin cesar y le regalaba amorosas palabras.

“Le pusimos leche y pienso y acabamos convenciendo a Miguel Ángel para que Misile se quedara a vivir con nosotros”. Así que el animalillo pasó a ser uno más de la familia Domínguez Olmedo. “Estaba en casa todo el día pero se iba a dormir al garaje de enfrente”.

Con una sonrisa a media asta, la madre de la pequeña recuerda que “un día hasta lo acostó con ella en la cama de matrimonio”. Era su compañero de juegos, un nuevo amiguito con el que quería compartir lo mejor de su vida. Se divertían juntos, “jugaban muchísimo, incluso le compramos una camita y unos ratoncitos”.

“Un día lo intentó meter en la bañera pero Misile no se dejaba, así que le lavaba la carita con toallitas de bebé para que siempre estuviera limpito”. En invierno el animal gustaba de remolonear cerca del brasero del salón. Allí, en el sofá, era habitual ver a María “apretándole la naricilla y a Misile dándole con la zarpita, algo que a ella le hacía mucha gracia”.

Marianela hace memoria y repara en aquellos dos días de angustia y llanto que vivieron cuando Misile no apareció por casa. “Nos extrañó muchísimo, porque él siempre volvía”. Entonces repararon en que el gato estaba en celo. Cuando decidió regresar, “María lo encerró en el piso para que nunca más se escapara, era su mascota preciosa”.

A veces Misile maullaba en la puerta, en mitad de la noche y cuando ya estaba cansado de sus aventuras callejeras, para regresar a los brazos de María. Ella nunca bajaba a la calle sola. La acompañaban sus padres si no era demasiado tarde. O le ponían comida en la puerta del número 3 de la Avenida de los Reyes por si le entraba hambre de madrugada.

Han pasado cinco años desde que un desalmado asesino privó a María y a Misile de seguir compartiendo sus ratos de ocio, cariño y vida. El gato, sin embargo, no la olvida: todavía hoy se le ve retornar a las puertas de la casa, maullando y reclamando en la oscuridad el amor incondicional de la pequeña María.

Categorías:María y Miguel Ángel

Tagged as: ,