Marianela

La rosa de abril (por Marianela Olmedo)

Hoy es mi cumpleaños. El quinto ya sin mi niña. Dios mío, no me lo puedo creer. Han sido cinco años de infierno en los que mi vida ya no es vida ni nada tiene sentido, cinco años con todos sus días y sus noches con este dolor en el alma que ya no se me va a curar nunca y que nos ha destrozado a todos los que les queríamos.

Y hoy quiero compartir con vosotros, si me lo permitís, mi recuerdo de aquel cumpleaños de 2013, el último que celebré y el último que compartí con mi princesa, mi María. Fue además uno de los últimos días que pasé con ella. Solo tres días después un asesino me quitaba el regalo más grande que me hizo la vida de la peor forma posible, y nos dejaba también sin Miguel Ángel, que todavía era mi marido y al que quería muchísimo. Es tan difícil seguir adelante sin ellos…

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Los pétalos de la rosa que María regaló a Marianela y que su madre aún conserva.

Estuve trabajando en Mercadona esa tarde del 24 de abril de hace cinco años. Mi pequeña estaba con su papá esa tarde y fui a recogerla a casa de su abuelo Antonio. Cuando llegué a la casa salió corriendo a abrazarme. Me dijo: “¡Mamá, felicidades! Mira el regalo que tengo para ti”. ¡Era una rosa preciosa! 

Me quedé alucinada porque no me esperaba algo así. La cogí en brazos y la besé, la besé muchísimo. Le dije que era el regalo más lindo que nunca nadie me había hecho. Era cierto, nunca nada me hizo tanta ilusión como aquella preciosa rosa de abril. Le di las gracias. No podía parar de comérmela a besos.

Mi niña me contó que había ido con su abuelo al parque Alcalde Mojarro de Almonte esa misma tarde para coger la rosa y regalármela, que el cumpleaños de su mamá era un día muy importante y que ella quería darme ese regalito especial. ¡Ay, mi princesa, qué bonita era por fuera y por dentro!

Yo me reí mucho con ella. Le dije: cariño, ¿de donde has cogido la rosa? Y ella me decía: “¡Mamá, del parque, del parque!”. Entonces yo le dije: María, ¿y si te ve el chico que vigila el parque?. Y ella: “No me importaba, no me importaba. Yo me escondí, me escondí y la cogí para ti”.

Esa noche cuando íbamos de camino a casa me dijo: “Mamá, corre, corre, que hay que poner la rosa en agua, que me lo ha dicho mi abuelito Antonio”. El abuelo Antonio, el padre de Miguel Ángel, era su favorito. Su cómplice, su confidente. 

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Marianela Olmedo sonríe junto a su hija María.

Llegamos a casa y eso hicimos, poner la rosa en agua. No se me olvidan sus palabras ni esa felicidad que tenía aquel día. Y yo me fui a la cama muy contenta porque, de verdad, era el regalo más bonito de mi vida.

Aún conservo en una cajita, como el mayor de los tesoros, los pétalos que se le fueron secando a aquella rosa tan bonita. El 24 de abril fue un día inolvidable y el regalo fue maravilloso. Cuando veo esos pétalos veo a mi niña, la siento cerca, escucho su risa…

Tres días después me la quitaron. Me quitaron a su padre. Les quitó la vida. Y a mí también, porque estoy muerta en vida. Solo espero que, como mínimo, a Migue y a María se les haga justicia.

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