Claves

Así valoró la justicia profesional la prueba del ADN en el doble crimen de Almonte (II)

Retoma la lectura del primer artículo relativo a las pruebas de ADN.

El 5 de diciembre de 2014, la jueza de instrucción dictó un auto por el que ratificaba la situación de prisión provisional del imputado. En dicho documento, su señoría ahondaba en los razonamientos destinados a explicar el porqué de la presencia del ADN del acusado en la escena del crimen.

Se basaba en nuevos análisis efectuados a las toallas por el Instituto Nacional de Toxicología, cuyos resultados se plasmaron en un informe remitido al juzgado de instrucción nº 1 de La Palma del Condado el 23 de octubre de 2014. Con el objetivo de dar respuesta a la petición de libertad de la defensa, la jueza reproduce de modo textual los párrafos más relevantes del citado informe científico:

“… Los resultados refuerzan los previamente obtenidos, de tal manera que: en la toalla de baño color salmón con flores amarillas y azules, de las 9 zonas analizadas, en dos de ellas se detectan restos celulares de F.J.M.R. en mezcla con restos de Miguel Ángel, María y Marianela. En el resto de las zonas analizadas se detectan únicamente restos celulares del padre y la hija, o no se obtienen resultados concluyentes. En la toalla de lavabo blanca con flores de colores, de 9 zonas analizadas, en las 9 se detectan restos de F.J.M.R, en mezcla con los de Miguel Ángel, María y Marianela, salvo en la zona 9, en la que no se detectan restos de Marianela. Además, en la zona 6 de esta misma muestra, la contribución mayoritaria en la mezcla procede de F.J.M.R. Y en la toalla de lavabo blanca con flor blanca, de las 8 zonas analizadas, en 7 de ellas se detectan restos celulares de F.J.M.R., en mezcla con los de Miguel Ángel, María y Marianela. En la zona restante (zona 4) solo se detectan restos de Marianela”.

Marianela-situa-Medina-trabajo-crimenes-doble-crimen-almonte

Momento del juicio en el que se enseñan a Marianela Olmedo, esposa y madre de las víctimas del doble crimen de Almonte, una de las toallas en las que se detectó ADN del por entonces acusado.

Por tanto, argumenta la jueza instructora:

No es cierto, como afirma la defensa, que en todas las zonas donde han aparecido restos de F.J.M.R hayan aparecido también, en mezcla, restos de Marianela, existiendo tanto restos de F.J.M.R en solitario, como también restos de Marianela en solitario. Así, el resultado obtenido en la zona 9, donde no se detectan restos de Marianela, resultaría totalmente incompatible con la tesis de la transferencia secundaria o indirecta, con la que también choca frontalmente la existencia de una zona, la 6, con una mezcla en la que la contribución mayoritaria a la misma procede de F.J.M.R; dato este último que resulta, si cabe, aún más significativo que el dato que ya se aportaba en su día en el primer informe (podemos establecer que en 4 de las 8 muestras analizadas, la contribución a la mezcla del padre y de F.J.M.R es similar)”.

“Estos datos, unidos a que el ADN del imputado se ha hallado de forma repetitiva y reproducible en las tres evidencias –111, 112 y 125– sobre todo en estas dos últimas; así como a la circunstancia de no haber aparecido semen ni saliva pese a las relaciones sexuales, al parecer frecuentes, entre el imputado y Marianela (que explicarían, según la defensa, la transferencia indirecta o secundaria), llevan a descartar la tesis que mantiene la defensa, debiendo concluir que la transmisión hubo de producirse necesariamente por contacto directo y no, como indica la defensa en su escrito, por transferencia indirecta o secundaria a través de Marianela (…)”.

“Y no es óbice a la conclusión expuesta –transmisión por contacto directo– el hecho de que no hayan aparecido en las evidencias ni sangre ni saliva del imputado. En cuanto a la sangre, no existe en ninguna de las evidencias halladas en la vivienda sangre distinta a la de las víctimas, por la sencilla razón de que el asesino no sufrió ninguna lesión, al haber sorprendido a sus víctimas indefensas y sin que las mismas pudieran hacer oposición activa alguna; y en cuanto a la saliva, según el propio escrito de la defensa, habría requerido contacto inmediato (secarse la boca y rostro), o próximo (acción de toser o escupir), lo que supone reconocer que sin dichos contactos no podría en ningún caso aparecer saliva, amén de que no tiene por qué haber restos de saliva en la parte externa de la boca (labios) o en la parte del rostro que los rodea, zonas estas que serían las que en su caso hubiera podido limpiarse el asesino con las toallas”.

Miguel-Angel-Doble-Crimen-Almonte

Miguel Ángel Domínguez en su lugar de trabajo, un supermercado de la localidad de Almonte.

“Considerando, conforme a lo expuesto –continúa la jueza– que la transmisión de ADN se ha producido por contacto directo del imputado con las toallas y teniendo en cuenta que: 1) dichas toallas nunca habían salido de la vivienda, 2) que el imputado no accedía a la misma desde hacía más de tres años, 3) que de las pocas ocasiones en que había accedido a la vivienda solo se había duchado allí en una ocasión, en la que además había utilizado para secarse un albornoz de Marianela, y 4) que habría que descartar una contribución de una antigüedad superior a un año en toallas que hayan sido lavadas, se llega a la conclusión –ya recogida en el auto de 28 de junio– de que los restos de ADN del imputado se han dejado por un contacto directo con las tres toallas, que habría tenido lugar en el interior de la vivienda y en fechas no muy alejadas en el tiempo a los hechos que aquí se investigan. De lo que cabe interferir la participación de F.J.M.R en los hechos investigados, pues es la única explicación que cabe dar al hecho de haberse encontrado ADN suyo en tres toallas que estaban ubicadas en dos baños de la casa –dos en uno de los baños y otra en el otro baño– y que por su disposición o forma en la que fueron halladas habrían sido utilizadas el día de los hechos”.

Informes científicos, transferencias de ADN, restos celulares… Un sinfín de datos y términos difíciles de entender para cualquier persona no experta… la Ley del Jurado solo exige a los integrantes del tribunal popular que sepan “leer y escribir”. Pero en casos tan complicados y técnicos como este, donde no se ha pillado al asesino con un cadáver en el maletero, ¿está un ciudadano corriente, sin conocimientos jurídicos ni técnicos, capacitado para valorar pruebas periciales de tamaña complicación? Los hechos nos han demostrado que no. Solo hay que fijarse en la valoración antagónica que hacen de las pruebas la justicia profesional y el tribunal popular.