María y Miguel Ángel

Feliz Cumpleaños, Miguel Ángel

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Miguel Ángel Domínguez en su lugar de trabajo, un supermercado de la localidad de Almonte.

El 28 de mayo de 1973 fue un gran día para nuestra familia. Vino al mundo nuestro querido Miguel Ángel, el primogénito para sus padres, Antonio y María. Hoy hace 45 años de aquello y no podemos olvidar que si un maldito asesino no nos lo hubiera quitado hace cinco, hoy estaríamos celebrando con él otro feliz cumpleaños.

Miguel Ángel era un niño tranquilo, alegre, que recibió como un regalo la llegada de su hermano Aníbal cuando tenía tres añitos y nueve meses. Era su compañero de habitación y juegos, su fiel escudero, su amigo del alma. A Miguel Ángel le gustaba perderse por los antiguos senderos del Campito, trastear por sus arroyuelos y entre sus árboles hambrientos de cielo, cuando todavía la Plaza de Las Clavellinas era un espacio copado por el verdor húmedo y rojo de las amapolas de los campos de Almonte. Luego elegiría este lugar para jugar con su hija y observarla desde los bancos de hierro, una imagen que llevamos clavada en la retina.

Siempre fue un chico discreto, reservado pero muy amable y atento, con un carácter excelente que le hacía meterse en el bolsillo a cualquiera que se cruzara en su camino.

La empatía era una de sus enormes cualidades y siempre estaba dispuesto a ayudar al de enfrente. Tenía una paciencia infinita, un trato exquisito con los demás que demostraba también en su trabajo. Era el mejor de los amigos y un enemigo acérrimo de los protagonismos. Pero si él no estaba, todos le echábamos de menos. Nadie podía ni puede ocupar su lugar. Es irremplazable.

Nuestro Miguel Ángel no conocía la envidia ni la ambición. Él era capaz de ser feliz en dos metros cuadrados. Le bastaba con el amor de los suyos, con el fútbol, el cine y con sus libros. Porque era un feroz devorador de historias encuadernadas, lo que le hizo ser un hombre cultivado, inteligente, brillante.

Y supo transmitir ese amor por la lectura al mayor tesoro que le regaló la vida: su hija. María era el centro de su universo, la que daba todo el sentido a su existencia. A él ya le encantaban los niños cuando ella vino al mundo el 25 de enero de 2005, así que desde aquel día se le desbordó la felicidad. El amor que ambos se profesaban nos les cabía en el pecho. No podían vivir el uno sin la otra, y viceversa. Y así lo demostraron el día en que el monstruo decidió poner punto y final a su preciosa historia.

Miguel Ángel siempre estaba pendiente de ella, de que no le faltara nada y de que fuera aplicada en los estudios. Hacer los deberes con nuestra pequeña estaba entre sus pasatiempos favoritos. También le gustaba ir con ella y con Aníbal a la playa de Mazagón o compartir una jornada de barbacoa en el campo en familia.

Era un apasionado del fútbol y seguía con fervor al FC Barcelona, el equipo de sus amores. Admiraba a Messi y a Víctor Valdés.
Además, era un excelente portero y ejerció como tal en el Almonte y el Bollullos. A Miguel Ángel le gustaba reunirse con sus amigos veteranos y echar un buen rato dándole a la pelota.

Hoy hubiera ido a trabajar al supermercado y luego hubiéramos celebrado su cumpleaños como se merecía, con su princesa al lado, que ya sería una muchachita de 13 años.

Hoy soplaría las velas y nos regalaría su sonrisa tímida, se taparía para evitar salir en las fotos y lo colmaríamos de los abrazos y los besos que no hemos podido darle desde que un despiadado asesino le arrancó el aliento a puñaladas, como a nuestra pequeña María.

Hoy es un día triste. Pero no dejaremos de recordar que el 28 de mayo nuestro querido Miguel Ángel cumple años, porque sigue vivo dentro de nosotros, en nuestros corazones, y él y María son la fuerza que nos impulsa a elevar la voz y a soplar con determinación las velas para pedir el mayor de los deseos: que se les haga justicia.