María y Miguel Ángel

6 de octubre: un año de injusticia

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Miguel Ángel lleva a María en hombros en la celebración de su cumpleaños

“Los jurados, por mayoría, encontramos al acusado no culpable del hecho delictivo: 1, matar a Miguel Ángel Domínguez Espinosa sin posibilidad de defensa de este y aumentando deliberada e innecesariamente su dolor; 2, dar muerte a la menor de ocho años María Domínguez Olmedo sin posibilidad de defensa de esta y aumentando deliberada e innecesariamente su dolor”… Con estas palabras que hieren como afilados cuchillos el tribunal popular nos asestó el 6 de octubre de 2017 la segunda, certera y definitiva puñalada mortal, la que nos ha condenado a un nuevo suplicio propiciado por una injusticia atroz. Porque la justicia era nuestra única razón para vivir después de aquel 27 de abril de 2013, cuando un cobarde despiadado entró a la casa de nuestros queridos Miguel Ángel y María para arrancarles la vida de la forma más infame.

Con nocturnidad y alevosía, abriendo el portal con una llave original, cubierto para no dejar vestigios que lo implicaran en uno de los crímenes más sangrientos y dolorosos de la historia de esta provincia, calzando zapatos grandes para despistar a los investigadores… el criminal lo tenía todo bien estudiado. De esta forma y con toda la inquina que le permitió el rencor que le tenía a Miguel Ángel, irrumpió en la casa de la Avenida de los Reyes en la que padre e hija se preparaban para salir a cenar.

El ensañamiento con sus víctimas fue inhumano. Un crimen pasional en toda regla. Así lo manifestaron los agentes de la Guardia Civil que intervinieron en el juicio, que recalcaron que quien lo hizo, entró allí a matar pero también a causar el máximo daño posible. Pertrechado con un cuchillo de grandes dimensiones, este depravado asestó (según los forenses) 49 puñaladas a Miguel Ángel y 105 a María, que pereció desangrada media hora más tarde sobre el gélido suelo de su habitación. Solo tenía ocho añitos.

Han pasado cinco años, cinco meses y nueve días desde aquello. Y un año completo desde el veredicto del jurado. 365 días de desesperación por encontrar un pequeño rescoldo de calma en la justicia.

Aquel dictamen nos dejó noqueados. Nos enterró en vida. Pero la mayúscula sorpresa no fue solo para nosotros. Sino para muchos operadores jurídicos que conocían el caso y para buena parte del público que siguió con atención el tedioso juicio. No así para otros, los allegados al acusado, que desde por la mañana ya sabían hasta el sentido de los votos del jurado popular, algo que desconocía aquella tarde nefasta hasta la propia magistrada de la Audiencia de Huelva que dirigió el juicio.

A pocos les quedaba un resquicio para la duda al finalizar la vista oral. La propia Guardia Civil, concretamente la Unidad Central Operativa (UCO) que investigó el caso, sigue apuntando directamente a la persona que se sentó en el banquillo de los acusados como el único sospechoso, el verdadero asesino de Miguel Ángel y María. “Es él al cien por cien, no hay otro”, nos han repetido y nos repiten hasta la saciedad, como un mantra que nos impulsa a seguir reclamando justicia.

Parece tenerlo claro también el fiscal del Tribunal Supremo, uno de los más prestigiosos de España, que ha solicitado al Alto Tribunal la repetición del juicio. El ADN del ahora absuelto (que no es ni semen, ni sangre ni saliva, sino restos de piel compatibles con el secado) está en tres toallas limpias de la escena del crimen. Tenía acceso a las llaves a través de la madre y esposa de nuestros seres queridos, Marianela, y un móvil más que evidente para acribillarlos a puñaladas: los celos. Tampoco tiene coartada. Con estos mimbres, el jurado decidió absolverlo. Inaudito.

En este año de via crucis seguimos manteniendo nuestra fe en la justicia. Es momento de agradecer también a todos los corazones verdes, que se cuentan por miles, el apoyo que hemos recibido en estos doce meses de calvario y en este martirio que nos acompañará toda la vida: la irremediable ausencia de Miguel Ángel y María. Ellos nos dan fuerza para seguir creyendo en que los magistrados del Tribunal Supremo pondrán algo de cordura a este despropósito. Porque no hay mejor calificativo para definirlo. Un despropósito escandaloso. Los asesinos deben estar entre rejas por la seguridad de todos. Esperamos pacientemente que así sea.

Justicia para Miguel Ángel y María.